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¿QUÉ OCURRE CON EL
BEBÉ QUE NACE POR CESÁREA?
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Hace
dos semanas recibí a dos bebés, una maravillosa niña y, unos días
después, un niño. Esa semana nacieron aquí, en nuestra pequeña
ciudad, un total de cinco bebés: dos a los que tuve el honor de
recibir en sus hogares, y tres nacidos en el hospital.
Los tres que nacieron en el hospital están todavía en la Unidad de
Cuidados Intensivos de Neonatología. A los tres se les separó de
sus madres. Los tres nacieron por cesárea. Fue una semana dura.
Uno de los bebés nacidos en casa tuvo una suave entrada en nuestro
mundo, sin una arruga. El otro tuvo una distocia de hombros
durante siete minutos; después de tres minutos y medio de
reanimación, se agarró a la vida y salió adelante. En ningún
momento se ha separado de su madre; su lactancia ha sido
maravillosa, ininterrumpida y muy gratificante para él.
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Desearía poder decir que los tres bebés que nacieron en el
hospital también van bien. La mayor parte de mi vida la he pasado
en Asia, trabajando como comadrona; allí tuve la oportunidad de
asistir a muchos nacimientos por cesárea. Algunas, innecesarias;
otras, necesarias. La placenta previa y la rotura de la cicatriz
de una cesárea anterior son cosas que me han hecho dar las gracias
a Dios por la ciencia y la cirugía especializada.
En el mejor nacimiento por cesárea que he visto, la madre y el
bebé no estuvieron juntos hasta una hora después del parto.
Durante esa hora de separación se le cortó el cordón al bebé, se
le succionó de forma agresiva, se le midió y pesó, y se le
administró profilaxis ocular en contra de lo que la madre había
dicho por escrito.
Se le tomó la temperatura en el recto, se le tomaron las huellas,
se le pinchó el talón para sacarle sangre y hacerle la prueba de
detección de la subnormalidad de origen metabólico y se le inyectó
vitamina K. Lo bañaron, secaron e identificaron con una cinta.
Cuando lloraba buscando el pecho de su madre, le ponían un
pacificador chupete en la boca. Tuvo suerte. Otros bebés nacidos
por cesárea no salen tan bien parados.
Mi experiencia como comadrona me ha llevado a plantearme ¿Qué pasa
con el bebé? ¿Cuáles son los riesgos que corren el organismo y el
alma de los bebés nacidos por cesárea? El Dr. Seuss deja hablar al
Lorax por los árboles. ¿Quién habla por nuestros bebés?
Nyoman era una primípara de 38 años y una destacada artista
balinesa. Debido a las numerosas intervenciones [durante el
trabajo de parto], su bebé nació por cesárea. La niña pesó 3'500
kg.; era una robusta bebé a término. En seguida se la llevaron al
Servicio de Enfermería; allí la agarré suavemente mientras le
afeitaban un trozo de su espeso pelo negro para administrarle los
antibióticos IV. Nyoman fue trasladada a otra ala del hospital.
Durante toda la noche estuve subiendo y bajando escaleras y
corriendo por los pasillos para echarles un vistazo a la madre y
la hija.
Al final, cuando supuestamente ambas estaban bien, me fui a casa.
Esa noche atendí un parto en casa. Por la mañana volví a casa y me
preparé para ir al hospital a ver a Nyoman y su bebé.
Sonó el teléfono; era el marido de Nyoman, para decirme que el
bebé había muerto (lo más probable de sepsis, aunque la causa no
se había determinado) Inmediatamente enviaron su pequeño cuerpo a
casa para el entierro. Nyoman seguía en el hospital con fiebre.
Nunca llegó a ver a su preciosa hija.
Durante mis siete años de trabajo en Indonesia y Filipinas me he
dado cuenta de que los procedimientos quirúrgicos de la
obstetricia occidental se han exportado de forma agresiva a Asia,
con la diferencia de que aquí se trabaja sin las condiciones
higiénicas básicas.
La edición del William Obstetrics de 1985 (p. 868) decía: "es
cierto que el índice de mortalidad y morbilidad materna y
perinatal es mayor en los partos por cesárea, en parte por las
complicaciones que motivan la cesárea y en parte por los riesgos
inherentes al nacimiento a través del abdomen"
"En el mejor nacimiento por cesárea que he visto, la madre y el
bebé no estuvieron juntos hasta una hora después del parto"
En A Good Birth, A Safe Birth, los editores publican que las
cuatro complicaciones más frecuentes en los bebés nacidos por
cesárea son: ictericia, complicaciones repiratorias, los efectos
de la medicación y los períodos de adormilamiento después del
parto (1). Las cuatro interfieren en el establecimiento temprano
del vínculo afectivo entre la madre y el bebé. Las tres primeras,
seguramente, obligan a medicar al bebé, lo que puede resultar
terrorífico para el recién nacido.
Las investigaciones sobre la oxitocina nos muestran otros aspectos
de los efectos de la cesárea sobre el bebé. La oxitocina natural,
segregada por el organismo], llamada hormona del amor, se libera
cuando los seres humanos comparten una comida, en la lactancia y,
tanto en el hombre como en la mujer, cuando hacen el amor. De
todas maneras, se encuentra en su máxima plenitud durante el
trabajo de parto y el nacimiento.
¿Qué ocurrirá en el organismo de un bebé al que se le niega la
experiencia de la oxitocina [natural] en un parto vaginal?
La investigación muestra que nos encontramos con un nivel
comparativamente menor en los niños autistas (2).
El Etólogo Premio Nobel Niko Tinbergen encontró correlación entre
las intervenciones médicas durante el parto y la predisposición al
autismo (3). En 1991, Ryoko Hattori evaluó los riesgos de padecer
autismo según el tipo de nacimiento; concluyó que los bebés
nacidos en el hospital, a los que se somete al proceso rutinario
del trabajo de parto y nacimiento (sedantes, anestesia y
analgésicos) tienen un mayor riesgo de llegar a desarrollar el
autismo (4).
¿Qué nos enseña esta investigación sobre la práctica tan frecuente
de cesáreas? Debemos pensar que un bebé que se pierde toda la
intensidad del proceso normal del trabajo de parto y nacimiento,
tal como Dios lo diseñó, también se pierde algo vital de su propia
vida.
"El mundo del bebé se hace añicos cuando, nada más nacer, se le
separa de su madre"
En su libro The Scientification of Love, Michel Odent analiza las
consecuencias del nacimiento y las primeras horas de vida
extrauterina. Con gran destreza, documenta y hace referencia a un
gran número de investigaciones que confirman lo que las madres y
las comadronas siempre hemos sabido: las condiciones ambientales
de un parto y las primeras horas de vida determinan la salud
psicológica y espiritual del ser humano. Las investigaciones
demuestran que el contacto entre la madre y el bebé es la forma
ideal de amor, a la vez que después del nacimiento hay un corto y
crítico espacio de tiempo que provoca consecuencias a largo plazo.
Por desgracias, dice: "la separación de la madre justo después del
nacimiento daña la capacidad de uno para amar"
La mayoría de los bebés nacidos en el hospital experimentan la
separación de la madre inmediatamente después del nacimiento, y
los bebés nacidos por cesárea están aún más tiempo separados. Los
gerentes [de los hospitales], con el fin de proteger al hospital y
sus empleados de posibles denuncias, establecen la política de
mantener a los bebés recién nacidos por cesárea en la Unidad de
Cuidados Intensivos; ya que la operación incrementa el riesgo de
infección, los bebés nacidos por cesárea son más propensos que los
nacidos vaginalmente a recibir antibióticos.
Imagina la vida intrauterina: el calor, la suavidad, el sabor de
la madre, el sonido de los latidos de su corazón y su suave voz.
La madre es todo lo que el bebé conoce. Incluso al padre lo conoce
a través de la madre (dependiendo de cómo él la haga sentir). La
madre es alimento. Es el universo. Cuando nos llevamos al bebé,
aunque sea a dos pasos, la confianza se rompe. El mundo del bebé
se hace añicos.
Las comadronas debemos aceptar que, en uno u otro momento, una
madre y un bebé a los que estemos atendiendo vivirán una cesárea.
Yo insisto en la palabra "parto", ya que un parto por cesárea
resulta tan milagroso como un parto vaginal. La atención postparto
a los padres que han tenido una cesárea ha de incluir el consuelo.
Yo le digo a estos padres que, un mes después (5), no hay
diferencias significativas respecto del vínculo con el bebé entre
los niños nacidos vaginalmente y los nacidos por cesárea. Esto es
una buena noticia.
Una vez oí decir a Elisabeth Kubler-Ross: "La gente es recuperable
en un 100%" Lo decía feliz, con convicción.
Yo me aferro a sus palabras.
A los padres de bebés nacidos por cesárea: tened confianza y sanad
a vuestros bebés con contacto, con amor.
Robin Lim
Este artículo apareció publicado por primera vez en el nº
57 (primavera 2001) de la revista Midwifery Today
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