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Vínculo madre-hijo:
NUNCA ES TARDE PARA RETOMAR LA QUÍMICA
Tanto han oído las mamás sobre la importancia del apego, que si
el contacto inicial no resulta ideal, algunas temen que el hijo
vea afectado su desarrollo.
María Paz Carvajal
Libros, charlas, reportajes... todos hablan de la importancia de
generar un apego seguro con el hijo. Pero cuando ocurren los
contratiempos -problemas en el nacimiento, depresión postparto de
la madre, etc.- y no se experimenta ese momento idealizado, a
veces contar con tanta información pasa la cuenta.
Alejandra Wolf esperaba feliz su segundo hijo. Todo iba bien,
hasta que a los 7 meses rompió membranas: llegó a la clínica,
nació su hijo, le dio un beso en la mejilla y Santiago partió a la
UTI. "Yo quedé con muchos dolores, creían que tenía una hernia y
quedé en reposo absoluto. No lo pude volver a ver hasta el otro
día en la noche".
A su cabeza se venía esa charla de apego que tuvo meses antes, en
la que hablaban de lo esencial de esas primeras horas de vida. "Y
me urgí mucho, porque en un momento, mi marido no estuvo en la
clínica y sentía que mi hijo estaba solo en la UTI, sin caricias y
sin escuchar una voz familiar. Pedí que dejaran que mi mamá
entrara a verlo y eso me calmó".
Conexión mágica
Lo que no le dijeron a Alejandra en ese taller fue que la teoría
del apego -iniciada hace 50 años- ha cambiado y ya no resiste
determinismos.
"Para la psicología del desarrollo no hay situaciones
irreversibles. Los seres humanos tienen una capacidad de
adaptación mucho mayor que otras especies, por lo tanto, aunque se
presenten situaciones difíciles, éstas pueden ser compensadas y
reparadas a lo largo de la vida", explica la psicóloga María Pía
Santelices, coordinadora del Diplomado Promoción del Apego Seguro
de la U. Católica.
A fines de los '70, los pediatras norteamericanos John Kennel y
Marshall Klaus postularon que los recién nacidos que eran puestos
de inmediato en el pecho materno desarrollaban apego seguro. Sin
embargo, ese efecto del "apego primario" (o bonding) no ha logrado
replicarse en otros estudios, por lo que hoy es un tema
controversial.
Claro que esto no implica que el cambio hacia la humanización del
parto, generado a partir de estos autores, no haya sido positivo.
"Todo lo que ayude al acercamiento inicial 'padres-bebé' y permita
el reconocimiento mutuo es positivo para el vínculo (cargarlo,
mirarlo, hablarle, etc.)", dice la psicóloga. Pero no existe un
período crítico para que se dé esa conexión; siempre se está a
tiempo de iniciar una relación de apego seguro.
Además, opina la psiquiatra de la Universidad de Chile, doctora
Livia González, el apego no depende sólo del parto. "Éste empieza
a construirse antes del nacimiento -cuando se fantasea en cómo
será el niño, le hablan, le ponen música-, para constituirse
recién al año de vida".
Si por diversas razones la mamá está obligada a verse separada del
hijo, las especialistas recomiendan mucho apoyo.
"La mamá se siente extraña, como que se perdió ese momento mágico
y que fue una persona extraña (por ejemplo, la enfermera) quien se
lo ganó. Entonces, hay que decirle que, por sobre todo, es a ella
a quien el bebé va a reconocer, por su voz, su olor", explica la
psiquiatra.
Apego
Lazo afectivo que se forma con otro; esencial para su desarrollo
mental y social. A partir de éste el niño aprende a relacionarse
con el mundo. Si es seguro, mejora la autoestima.
Los equipos médicos deben estimular que las mamás visiten a sus
hijos (si están en otras unidades), enseñarles a cargarlos, dejar
entrar al padre y promover adecuadamente la lactancia. "No es lo
mismo estresarlas deciéndoles que tienen que cumplir con sacarse
200 cc de leche, sino habrá que dar relleno, que motivarlas a que
vayan a verlos primero. Después de eso hay más abundancia de leche
y ellas se sienten competentes", añade.
Una vez en casa, ojalá la familia la haga sentir que lo hace bien
y animarla a que se haga cargo del lactante. A veces, por ayudar,
se le ofrece reemplazarla en casi todas las tareas con el hijo,
cuando eso, en algunos casos, puede hacerla sentir incapaz y
finalmente se repliega.
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La
doctora González precisa que la gente olvida que la identidad
materna es muy frágil y que un comentario errado ('el niño con tu
leche está quedando con hambre') puede marcarla. Además, "hoy
también existe la exigencia de ser madre perfecta".
María Pía Santelices recuerda que es frecuente vivenciar
sentimientos ambivalentes y de angustia durante los primeros días
de maternidad; el enamoramiento no es inmediato y eso no daña el
apego. Ahora, si efectivamente hay una depresión postparto -que es
una reacción depresiva intensa y duradera; no la tristeza normal
luego del alumbramiento-, será necesario que el lactante cuente
con otra figura de apego que lo estimule.
Estando la progenitora recuperada y habiendo tenido ese niño otros
cuidadores afectuosos (papá, abuela, incluso una guardería),
siempre se podrá retomar la relación y el niño tendrá las mismas
oportunidades que cualquiera de crecer feliz.
Signos de alerta
Algunos indicadores que delatan la posibilidad de algún problema
de apego son:
• Bebés que presentan trastornos de
alimentación que perduran en el tiempo (rechazo, tomarse la
mamadera a goteras o ansiedad de comérselo todo); así como
alteraciones del sueño (un dormir intermitente).
• Cuando el niño, frente a una
situación de estrés, no acude a su figura de apego y prefiere
consolarse solo.
• O al revés, cuando se refugia en su
cuidador y no se atreve al cabo de un tiempo a explorar el entorno
(por ejemplo, si llega un adulto extraño).
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