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El Bonding: Un
debate a terminar
INTRODUCCIÓN
El vínculo afectivo madre-hijo constituye un tema de investigación
que apasiona a buena parte de los investigadores y esto continua
siendo así después de numerosos años. Hoy se ha demostrado y
aceptado que el tipo de vínculo afectivo que el niño desarrolla
con su madre (seguro vs inseguro) contribuyen a formar su
comportamiento y sus reacciones ante las diferentes situaciones
sociales. Por consiguiente, numerosos esfuerzos se han
desarrollado con el correr de los años con el fin de comprender el
proceso por el cual se forma la relación de apego.
Partiendo de este mismo tipo de razonamientos, ciertos autores han
propuesto que lo recíproco de este tipo de relación, el vínculo
afectivo de la madre por su hijo (conocido con el nombre de
bonding), ejercería el mismo tipo de influencia sobre el
comportamiento de las madres, que la ejercida por el tipo de apego
sobre los niños, de igual forma que para el apego del niño por su
madre numerosos estudios se han realizado con el fin de comprender
ese fenómeno. Sin embargo, la acogida favorable que se reserva
para la teoría del vínculo afectivo hijo-madre no se repite con
respecto al apego madre-hijo. En efecto, las teorías que postulan
la hipótesis del bonding son todas refutadas por cierto número de
investigadores que trabajan en el campo de las relaciones
madre-hijo.
El debate que rodea al bonding se inició en 1972, cuando los
pediatras Marshall H Klaus y John Kennell afirmaron que la alta
tasa de abuso observada entre los niños que habían tenido una
larga estadía en la unidad de cuidados intensivos neonatales
podría ser la resultante de una separación postparto prolongada
(Eyers, 1992) Ellos proponen la hipótesis de que existe,
inmediatamente después del parto, un período durante el cual el
apego de la madre hacia su hijo se desarrolla. Durante este
periodo tan particular, cuya duración se estima entre pocos
minutos y pocas horas, la probabilidad que ciertos acontecimientos
den origen a los lazos afectivos madre-hijo será más fuerte en
este período que en cualquier otro momento de la vida del niño.
Más especificamente, entre la madre y el hijo se desarrollan
interacciones complejas y crean una unión permanente entre ellos.
Klaus y Kennell afirman que un contacto entre la madre y el
infante durante este período es esencial para que el desarrollo
ulterior del niño sea óptimo.
LA HIPÓTESIS DEL BONDING
La hipótesis del bonding tiene sus raíces en dos campos de
investigación distintos. Por un lado, Klaus y Kennell, para
elaborar su teoría, se inspiraron en investigaciones sobre el
apego de los animales. Del otro lado, sus reflexiones fueron
alimentadas por las numerosas observaciones realizadas a propósito
de los problemas del apego presentes en las madres de niños que
sufrieron una larga estadía en la unidad de cuidados intensivos
neonatales.
El Bonding en los animales
En ciertas especies animales, tales como las ratas, los chivos,
las ovejas, el comportamiento materno es fuertemente afectado por
la separación de la madre de sus recién nacidos inmediatamente
después del nacimiento. En efecto el impacto de esta separación
sería tal que la madre puede rechazar la presencia de sus pequeños
(Collias;1956, Hersher, Richmond y Moore 1963a, Klopfer 1971;
Rosenblatt y Lehrman 1963; Sackett y Ruppenthal 1974, citados por
Klaus y Kennell 1976) Por ejemplo, Collias (1956) y Klopfer (1971)
demostraron que una chiva separada de sus pequeños por un periodo
de una hora no los aceptó, al llevárselos nuevamente. Por el
contrario, como lo demostró Hersher y cols (1963a) si la madre se
beneficia de un contacto de 5 minutos con los pequeños antes de
ser separada de ellos, prácticamente todos los pequeños serán
aceptados de nuevo por la madre aún después de tres horas de
separación. Así la separación más pronto ocurra la separación los
afectos serán más importantes, drásticos e irreversibles. Hay un
corto período, inmediatamente después del parto, durante el cual
la madre identifica a los pequeños y comienza a comportarse con
ellos en forma maternal.
Algunos otros autores interesados en este fenómeno han intentado
descubrir mecanismo responsable de este (Myers 1984) Rosenblatt y
Siegel (1980) después de analizar más estudios en este campo (
Leblond y Nelson 1937; Noirot 1972; Poindron y LeNeindre 1979,
1980; Rosemblatt y col 1979; Rosenblatt y Siegel 1981: Siegel y
Rosenblatt 1978) sugieren que existen dos fases en la génesis del
comportamiento materno. Durante la primera fase, el comportamiento
materno sería producto de la transformación hormonal que
caracteriza el embarazo, el alumbramiento y el parto, los cuales
prepararían a la madre para interactuar con su hijo.
Posteriormente estos cambios a nivel hormonal no se darán más, y
será la estimulación proveniente del niño lo que facilitaría a la
madre a interactuar en forma apropiada con él.
Así, si los pequeños se mantienen separados de la madre durante la
primera fase, el proceso se perturba, la madre no estará mal
preparada para interactuar con su pequeño, de tal manera que puede
presentar comportamientos desadaptados.
Este tipo de resultados constituyen el punto de partida de la
teoría del bonding. En afecto, es sobre la comprobación de los
déficits que puede provocar una separación madre-hijo a nivel del
comportamiento materno en los animales, que Klaus y Kennell han
emitido la hipótesis que este mismo tipo de fenómeno podría
producirse en los humanos. Una serie de observaciones, realizadas
dentro del marco de su práctica profesional, fueron la base para
que haya ido consolidando la hipótesis.
Los efectos de una separación madre-hijo
prolongada:
Las observaciones que reportan Klaus y Kennell (1976) para apoyar
la teoría se refieren a las madres separadas de sus hijos del
nacimiento. Según los dos pediatras, estas madres son miedosas y
no saben cuidar adecuadamente a su bebé. Posterior a la salida del
Hospital, algunas madres reportaban que sentían que su hijo no era
de ellas, que pertenecía a otra. De otra parte la situación se
hacía más problemática si la separación se prolongaba, ya que la
mayoría de madres mencionaban haberse olvidado momentáneamente que
ellas tenían un hijo. Finalmente Klaus y Kennell (1976) reportaron
que en la mayoría de estudios comparativos con niños que no habían
sido separados de sus padres, se demostró que había una gran
cantidad de niños: o prematuros o que habían sido hospitalizados
durante el periodo neonatal, que retornaban al hospital poco
después y parecían haber sido maltratados (Elemer y Gregg 1967;
Klein y Stern 1971; Olivier, Cox, Taylos y Baldwin 1974; Skinner y
Castle 1969) o cuyo desarrollo no era el adecuado (sin tener
problemas orgánicos) (Ambuel y Harris 1963; Evans, Reinhart y
Succop 1972; Shaheen, Alexander, Truskowsky y Barbero 1968).
Es este tipo de observaciones, unido con los resultados de las
investigaciones que sustentan la hipótesis del bonding en los
animales sobre las cuales se basaron Klaus y Kennell para postular
la hipótesis de que tanto en los humanos como en los animales
existe un periodo propicio para el establecimiento de la relación
afectiva madre-hijo. Este periodo no se producirá más que una vez
por diada y su impacto sobre la relación madre-hijo sería muy
importante. El término bonding es entonces utilizado para
describir un proceso rápido que se produce inmediatamente después
del nacimiento y durante el cual la madre dirige su comportamiento
de apego hacia su hijo. Este apego se facilitaría por el contacto
piel a piel, y las miradas mutuas entre la madre y su recién
nacido que ocurren durante el primer amamantamiento posterior al
nacimiento (Klaus y Kennell 1976).
Con base en la hipótesis que explican el bonding en los animales,
Klaus y Kennell propusieron que las transformaciones hormonales
que caracterizan el embarazo, alumbramiento y el trabajo de parto
preparan a la madre a actuar en forma maternal al momento del
nacimiento. Si ella esta en contacto con el bebé durante este
período, o está preparada, ella desarrollará un comportamiento
materno apropiado más fácilmente y se sentirá más competente y más
sensible. Por el contrario, si tal contacto no se produce el
comportamiento materno subsecuente será probablemente deficiente y
la mujer estará en riesgo de fracasar en su rol de madre (cita de
Lamb y Hwang 1982).
De forma más precisa, Klaus y Kennell (1976) formularon siete
principios que son componentes cruciales en el proceso de apego:
1. Hay un período sensible dentro de
los primeros minutos u horas de vida durante el cual es necesario
que los padres estén en contacto íntimo con el niño para que su
desarrollo ulterior sea óptimo.
2. Los padres poseen respuestas
específicas de la especie, que se presentan cuando les entregan al
niño por primera vez.
3. El proceso de apego es
estructurado de tal forma que el padre y la madre solo establecen
vínculo afectivo con un niño a la vez.
4. Durante el proceso de apego
madre-hijo, es necesario que el niño responda a la madre, con
ciertas señales tales como los movimientos del cuerpo o de los
ojos.
5. Las personas que observan el
proceso de nacimiento, adquieren un fuerte vínculo afectivo con el
niño.
6. Para ciertos adultos, es dificil
vivir simultáneamente el proceso de apego y de desapego, es decir
apegarse a un bebé mientras que la vida del otro está en grave
peligro.
7. Ciertos acontecimientos que
suceden inmediatamente después del nacimiento, tienen efectos
perdurables. Por ejemplo, Los primeros días de ansiedad a
propósito de un desorden temporal, podrían provocar inquietud de
larga duración que pondría en riesgo la orientación del desarrollo
del niño.
Los trabajos Empíricos de Klaus y Kennell:
A fin de obtener apoyo empírico para la hipótesis del bonding,
Klaus, Jerauld, Kreger, McAlpine, Steffa y Kenell (1972)
realizaron un estudio que implicaba a dos grupos de madres; Las
madres del primer grupo se beneficiaban de una hora de contacto
piel a piel con sus niños dentro de las tres primeras horas
después del nacimiento y de 5 horas adicionales de contacto cada
tarde por tres días consecutivos después del parto. El segundo
grupo, era manejado con las pautas regulares, se permitía un breve
contacto entre madre e hijo 6-12 horas después del nacimiento y
dos visitas de 20-30 minutos cada cuatro horas para alimentarlo.
Los resultados obtenidos confirman las predicciones de los
autores. En efecto, las madres del primer grupo, entrevistadas un
mes después del parto, estaban aprehensivas para dejar a sus
infantes con otra persona y tenían una tendencia más fuerte para
alzar al niño cuando lloraba. Además durante la alimentación
tenían más contactos visuales, pasaban una cantidad mayor de
tiempo en posición cara a cara y acariciaban más a su hijo. De
otra parte, durante un examen pediatrico, ellas manifestaban más
comportamientos tranquilizadores en respuesta al llanto del niño y
tendían a observar mejor y permanecer más tiempo cerca de la mesa
de examen.
A causa de estos estudios iniciales, se realizó un seguimiento de
estos niños hasta la edad de 5 años (citado por Klaus y Kennell
1976). Un año después del nacimiento, las tendencias observadas al
mes se mantenían. Efectivamente, las madres del grupo experimental
parecían más interesadas y atentas durante un examen pediátrico.
Ellas también comentaban que se sentían más ansiosas y
aprehensivas al dejar a su hijo con una niñera y les molestaba más
tener que regresar al trabajo. Además cuando los niños lloraban,
ellas mostraban la tendencia de alzarlos, abrazarlos y
acariciarlos más. (Kennell y col 1974) Posteriormente, cuando los
niños tenían dos años, las madres del grupo experimental
preguntaban más (2 veces más), utilizaban más palabras por cada
proposición, menos palabras de contenido, más adjetivos y menos
órdenes (Ringler y col 1975) Tres años más tarde, estas medidas
del lenguaje materno se correlacionaron significativamente con las
medidas de competencia linguística y de inteligencia de los niños
del grupo experimental (Ringler y col 1976).
Psi.
Marta Cristo
Psicóloga Fundación Canguro
Psi. Stella Vélez
Psicóloga Fundación Canguro
Psi. Pascale Mercier
Psicóloga, Escuela de Psicología,
Universidad Laval, Quebec, Canadá.
Psi. Rejean Tessier
PhD Psicólogo y Epidemiológo,
Escuela de Psicología, Universidad Laval,
Quebec, Canadá.
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