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EL DESCUBRIMIENTO DE LAS HORMONAS DEL AMOR
Primer Experimento histórico
La CIENTIFICACIÓN DEL AMOR entró en una nueva fase en 1968, cuando
Terkel y Rosenblatt les inyectaron a las ratas vírgenes sangre de
ratas que habían sido madres, 48 hrs. después de haber dado a luz.
Las ratas vírgenes se comportaron como madres. Terkel y Rosenblatt
demostraron que inmediatamente después del nacimiento hay hormonas
que influencian el comportamiento maternal en la sangre de las
ratas madres. Repitieron este primer experimento utilizando
técnicas más elaboradas, enfatizando la importancia del período d
que sigue al parto.
Este experimento histórico fue seguido en la década de 1970 por un
gran número de otros estudios experimentales, que exploraban los
comportamientos de las hormonas cuyos niveles fluctúan en el
período cercano al parto. Rosenblatt y Siegel en los E.E.U.U., que
estaban estudiando a las ratas, y Poindron y Le Neindre en
Francia, que estaban estudiando a las ovejas, prestaron especial
atención a los efectos de los estrógenos y progesterona. Zarrow y
sus colaboradores se preocuparon por los efectos de la prolactina.
Un examen de todos estos estudios nos lleva a la concusión de que
los estrógenos estimulan el comportamiento materno y que el
descenso rápido de los niveles de progesterona que ocurre en el
período cercano al parto, contribuye a la manifestación del
comportamiento maternal.
Segundo experimento histórico
Es sorprendente que tuviéramos que esperar 11 años luego de la
primera experiencia de Terkel y Rodenblatt para escuachar acerca
de los efectos de la hormona llamada oxitocina. Es sorprendente,
dado que todos los médicos y parteras saben que esta hormona,
liberada por la glándula pituitaria posterior, es esencial durante
el parto y la lactancia. Estimula las contracciones uterinas para
el nacimiento del bebé y para la salida de la placenta. Estimula
el reflejo de la salida de la leche. Probablemente, dado que los
efectos mecánicos periféricos de esta hormona son tan conocidos,
los investigadores no tuvieron en cuenta sus efectos en el
comportamiento. Otra razón para este atraso, es que la oxitocina
debe ser inyectada directamente en el cerebro para inducir efectos
de comportamiento detectables. Una nueva era en la investigación
comenzó al enterarnos por Orange y Pendersen que una inyección de
oxitocina en los ventrículos cerebrales de los mamíferos, puede
inducir el comportamiento maternal.
La explosión de investigaciones causadas por tal experimento está
ilustrada en la publicación de la Academia de Ciencias de Nueva
Cork, en 1992, en un libro de 500 páginas que incluye 53 artículos
de los efectos del comportamiento de la oxitocina en el ser
humano. Niles Newton resumió lo que podemos inferir de estos
estudios, que la oxitocina es la hormona del Amor. Llama la
atención que la oxitocina está involucrada en todas las facetas
del amor. Participa en la lactancia. Durante el acto sexual tanto
el hombre como en la mujer liberas oxitocina. Podemos incluso
concluir, que al compartir una mesa con otra gente, aumentamos los
niveles de la “Hormona del amor”. Compartir una mesa es mucho más
que simplemente comer, es una manera de establecer vínculos con
nuestros compañeros. En el preciso instante en que los efectos del
comportamiento fueron confirmados debido ala oxitocina, K. Uvnas –
Moberg de Suecia, señalaba que los niveles máximos de oxitocina
justo antes del nacimiento pueden ser aún mayores que durante el
trabajo de parto.
Complejidad del equilibrio hormonal
No hay contradicciones entre nuestra comprensión actual de la
oxitocina como la hormona del amor, y las observaciones de
aquellos que estudiaron los efectos de otras hormonas sexuales en
los años 70, en particular el estrógeno y la progesterona. Hoy se
sabe que el estrógeno activa los receptores sensibles de la
oxitocina y la prolactina. Debemos pensar siempre en términos de
equilibrio hormonal. Por ejemplo, inmediatamente después del
parto, la oxitocina, una hormona altruista y la prolactina, una
hormona maternal, se complementan.
En 1979 se demostró que existe liberación materna de hormonas tipo
morfina durante el trabajo de parto y durante el parto y la
liberación de estas endorfinas está ahora bien documentada. A
principios de los años `80, aprendimos también libera sus propias
endorfinas en el proceso de parto, y hoy no cabe duda que durante
cierto tiempo después del parto tanto la madre como el bebé están
impregnados de opiáceos. Las propiedades de los opiáceos de
inducir los estados de dependencia son muy conocidas, por lo tanto
es fácil anticipar el comienzo de una dependencia-vínculo. Hasta
las hormonas de la familia de la adrenalina (generalmente vistas
como la hormona de la agresión) obviamente tienen un papel
importante en la interacción entre madre y bebé inmediatamente
después del parto. Durante las últimas contracciones antes del
parto el nivel de estas hormonas en la madre llega al máximo. Es
por eso que apenas comienza el “reflejo de expulsión del feto”,
las mujeres tienden a ponerse en posición vertical, llenas de
energía, con una súbita necesidad de agarrarse de alguien o algo.
Normalmente necesitan tomar un vaso con agua, como un orador
frente a una gran audiencia. Uno de los efectos de esta adrenalina
es que la madre está alerta cuando nace el bebé. Piensen en los
mamíferos que viven en medios salvajes y podrán ver más claramente
qué ventajoso es para la madre tener suficiente energía y
agresividad- para proteger a su bebé recién nacido si lo
necesitara. También se sabe que el bebé tiene sus propios
mecanismos de supervivencia durante las últimas contracciones
expulsivas fuertes y libera sus propias hormonas de la familia de
la adrenalina. Un flujo de noradrenalina le permite al feto
adaptarse a la falta fisiológica de oxígeno específica de esta
etapa del parto.
El efecto visible de esta liberación hormonal es que el bebé está
alerta en el momento del nacimiento, con los ojos bien abiertos y
las pupilas bien dilatadas. Las madres humanas están fascinadas y
encantadas con la mirada fija de sus bebés recién nacidos. Es como
si el bebé estuviera dando una señal, y parece que este contacto
ojo a ojo, es una característica importante en la relación
mamá-bebé entre humanos. La extrema complejidad del papel de las
hormonas de la familia de la adrenalina y la noradrenalina en la
interacción madre-hijo no ha sido estudiada durante mucho tiempo.
Un pequeño número de experimentos con animales abren camino a más
investigaciones. Los ratones, que carecen de un gen para la
producción de noradrenalina, dejan a su cría desparramada, sucia y
sin alimentar, a menos que se les dé una inyección productora de
noradrenalina durante el parto. Nuestro conocimiento actual sobre
los efectos del comportamiento de las distintas hormonas
involucradas en el proceso del parto, nos ayuda a interpretar el
concepto de un período sensible presentado por los etólogos. Está
claro que todas las hormonas liberadas por la madre y el bebé
durante el trabajo de parto, y durante el parto, no son eliminadas
inmediatamente y que tiene un papel específico en futuras
interacciones entre madre y bebé.
Michel Odent
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