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LA VERDAD ACERCA DEL DOLOR DEL FETO
En
el número del 24 de agosto del 2004, el órgano oficial de difusión
de la Asociación Médica de EEUU, Journal of the American Medical
Association (JAMA), volumen 294, página 947, se publicó un
artículo que causó un gran alboroto. Los autores dijeron que los
conductos neurológicos del cerebro del feto que permiten "la
percepción consciente del dolor" no funcionan hasta después de las
28 semanas de gestación. Decir que ha habido una explosión de
críticas es poco. Las reacciones a lo aseverado en el artículo se
refieren fundamentalmente a tres asuntos.
1
Uno
de ellos es que, contrariamente a lo que dicen los autores del
artículo, los bebés prematuros que nacen antes de las 29 semanas y
tan temprano como entre las 22 y las 23, sí manifiestan con toda
claridad que sienten dolor, ya que reaccionan a los estímulos
dolorosos retirándose y llorando. Un segundo asunto es que el
artículo referido no da a conocer ninguna investigación nueva,
sino que simplemente repasa algunos hallazgos anteriores. El
tercero es que se ha hablado mucho de la parcialización de los
autores. Uno de ellos es el director del departamento de medicina
del centro de abortos ubicado en el San Francisco General
Hospital. Se ha informado que en este hospital se practican
anualmente 600 abortos entre el 5to y el 6to mes del embarazo. El
otro autor trabajó anteriormente para la organización abortista
nacional llamada NARAL, por sus siglas en inglés.
Estos comentarios son válidos y por sí mismos destruyen la
credibilidad científica del artículo. Sin embargo, es evidente que
sería más conveniente realizar un análisis más profundo del tema.
Luego de leer el artículo con sumo cuidado, me resultó chocante el
hecho de que si uno es capaz de cambiar la definición de algo para
que concuerde con las propias conveniencias, entonces es fácil
demostrar que lo que uno dice es verdad. La clave de la cuestión
aquí fue la de cambiar la definición del dolor. Obsérvese que en
el artículo se habla de "la percepción consciente del dolor".
Además, los autores definieron el dolor como "una sensación y una
experiencia emocional que requiere el estar consciente para ser
capaz de reconocer el estímulo como desagradable". La definición
del dolor que dan los autores es simplemente incorrecta.
Si decimos que el dolor es cerebral, si lo definimos como algo que
existe solamente cuando están presentes la consciencia y la
memoria, si definimos todas las otras reacciones a los estímulos
nocivos como meros reflejos que en realidad no causan daño,
entonces el artículo tiene mérito. Pero he ahí precisamente la
falsedad fundamental del análisis de los autores. Es un hecho que
no se requiere el estar consciente para reaccionar ante un
estímulo doloroso. Además, ni siquiera se necesitan los
hemisferios cerebrales. Los siguientes ejemplos servirán para
ilustrar nuestro argumento.
Si usted coloca el dedo sobre un horno caliente, lo retirará de
inmediato. Su dedo estará apartado de ese horno caliente antes de
que su cerebro registre conscientemente el dolor.
Que ese fenómeno sea un reflejo, no hay duda, pero el hecho de que
es un reflejo no significa que no le haya dolido, ya que a su dedo
ciertamente le dolió y luego desarrolló una ampolla.
Los bebés anencefálicos nacen sin las partes superiores del
cerebro. Todo lo que tienen es el tronco cerebral. Por lo tanto,
ciertamente no están conscientes. Algunos de ellos viven algunos
días; otros, un poco más. Durante este breve período neonatal, si
se les pincha con una aguja o si se mojan los pañales, se ponen a
llorar. ¿Sienten dolor? Dudo que haya una madre, un padre o un
médico que lo está atendiendo en ese momento que diría que eso no
es dolor, porque es obvio que lo es. Consideremos otro ejemplo, el
de un feto de tan sólo 8 a 10 semanas de gestación. Si usted le
pincha la palma de la mano con una aguja, retirará la mano.
También abrirá la boca. Podemos comparar este episodio con el caso
de un recién nacido a quien accidentalmente se le clava un alfiler
al cambiarle unos pañales de tela. Ese bebito retirará sus
nalguitas y se quejará estrepitosamente. Las reacciones en estos
tres casos es la misma.
¿Cuál es entonces la reacción neurológica en todos estos ejemplos?
Un nervio sensorial lleva un estímulo doloroso de la superficie o
de la periferia a una porción del tronco del cerebro, que se llama
el tálamo. El tálamo se parece a una pizarra rotativa. Dirige el
mensaje del dolor hacia abajo, hacia un nervio motriz. Este nervio
motriz va a la palma del feto o a las nalguitas del bebé recién
nacido y activa un movimiento muscular de echarse atrás, el mismo
que consiste en retirar el dedo de un horno caliente.
Hasta hace pocos años, había una cierta sabiduría convencional en
el campo de la medicina que decía que los bebés muy prematuros no
podían sentir dolor. Debido a ello, a un recién nacido prematuro
lo operaban sin anestesia. En años recientes, una serie de
artículos han demostrado con bastante claridad que eso no es
cierto. Estos artículos han informado, no sólo que un bebé
prematuro (o un feto) siente dolor, sino también que esa personita
siente el dolor, incluyendo el dolor severo, de una manera mucho
más aguda que un adulto.
La razón de ello es la capa de mielina. La capa de mielina es
fundamentalmente un aislante. Se la puede comparar a la cubierta
de un alambre eléctrico. Ese alambre recibe una carga eléctrica en
una punta y la descarga por la otra, sin que la carga eléctrica se
salga de la ruta que lleva, gracias a la cubierta del alambre. Los
nervios periféricos de los niños más grandes y de los adultos
están cubiertos por la mielina, de manera que llevan el estímulo
de una punta del nervio al tálamo sin impactar los tejidos por los
cuales pasa. Ello ubica el dolor allí donde el estímulo nocivo
tuvo lugar. Ahora se sabe que un feto grande y que los bebés
prematuros no tienen esta capa protectora o, si la tienen, su
desarrollo no se ha completado todavía. Debido a ello, el estímulo
doloroso no sólo se siente allí donde ocurrió, sino probablemente
también a todo lo largo de la fibra del nervio expuesto. Si ello
es así, entonces ese pequeño ser humano siente un dolor mucho más
agudo que el niño más grande o el adulto que reciban el mismo
estímulo doloroso.
Citemos a algunas autoridades en este campo. La Dra. Jean Wright,
de la Universidad de Emory, ha afirmado: "Los bebitos de 23
semanas de gestación reaccionan al dolor de maneras altamente
específicas, así como fisiológica y conductualmente coordinadas,
similares a las de los bebitos más grandes". Blechschmidt ha
declarado: "A las siete semanas de edad fetal, se crispan o viran
la cabeza para alejarse del estímulo con el mismo tipo de maniobra
que se puede observar en todas las etapas de la vida". Matviuw ha
dicho: "A las 13 semanas, la respuesta orgánica fetal al dolor es
más que un reflejo. Se trata de un intento fisiológicamente
integrado de apartarse del estímulo nocivo."
Pero, ¿no es cierto que el bebé no nacido no puede decirnos que
siente dolor? Esa es una buena pregunta. Pero hay una respuesta.
El dolor se puede detectar cuando los receptores del dolor
descargan impulsos eléctricos en la espina dorsal y el cerebro.
Disparan impulsos que les comunican a los músculos del cuerpo que
reaccionen, como se ha indicado arriba. Estos impulsos se pueden
medir. Además, los cambios en los latidos del corazón, los
movimientos fetales, así como los movimientos del recién nacido
prematuro, también sugieren una reacción al estímulo doloroso.
Más recientemente, en EEUU, el Tribunal Federal del Distrito del
Sureste del Estado de Nueva York recibió una serie de extensos
testimonios de expertos en este campo, unos que están de acuerdo
con que los bebitos no nacidos pueden sentir dolor y otros que no
durante la práctica del aborto "de nacimiento parcial". En su
testimonio, el Dr. Kanwaljeet Anand explicó que los fetos sufren
un dolor severo durante los procedimientos de aborto. Este
testimonio no fue cuestionado por nadie.
Uno de los que defendió el controversial artículo de la revista
JAMA fue el Dr. David Grimes, quien hasta hace poco era el jefe
del departamento de ginecología y obstetricia del mismo San
Francisco General Hospital en el cual trabaja uno de los autores.
Grimes, junto con el Dr. Cates, practicó abortos en el segundo y
tercer trimestres en Atlanta, capital del Estado de Georgia. Cates
fue el autor de un artículo en el que sugirió que el precio de un
aborto tardío se calculara según la longitud del pie del feto.
Desde entonces, Grimes se ha convertido en un conocido defensor
del aborto sin restricción alguna.
El Acta para Informar acerca del Dolor del Niño No Nacido, que se
ha propuesto en el Congreso de EEUU, exige que a la madre que se
va a someter a un aborto se le diga que un aborto tardío le
causará dolor al feto y que, por lo tanto, éste necesita
anestesia. Es evidente que el propósito del artículo de la revista
JAMA es descarrilar la aprobación de este proyecto de ley.
Considerando todo lo que hemos dicho aquí, tenemos la esperanza de
que el intento de los autores sea contraproducente y de que este
proyecto de ley sea aprobado.
Vida Humana Internacional
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