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LA FUNCIÓN MATERNA EN FAMILIAS CON MADRES
AUSENTES
Resumen
Este trabajo explora la circulación de la función materna entre
adultos significativos cuando la madre está ausente del hogar.
Tomamos como ausencias maternas aquellas transitorias o
permanentes, refiriéndonos a ausencias físicas y a situaciones que
impidan el ejercicio de la función. Esta investigación es una
revisión bibliográfica desde un marco teórico psicoanalítico.
Analizamos la importancia del ejercicio de las funciones
parentales y la posibilidad de que dichas funciones circulen entre
personas distintas a los genitores. Buscamos las herramientas
teóricas disponibles para enfrentarnos a modelos familiares y
sociales novedosos para los paradigmas actuales de parentalidad.
Abordamos la función materna, no como acto meramente simbólico,
sino como constituyente del psiquismo y de la subjetivación del
hijo. Diferenciamos lugar, función y posición materna.
Introducción
El siguiente texto corresponde a una exploración teórica que hemos
realizado acerca de la función materna y de su circulación en
situaciones en las cuales la madre biológica está ausente. Tomamos
como ausencias maternas aquellas transitorias o permanentes,
refiriéndonos a ausencias físicas y a situaciones que impidan a la
madre el ejercicio de la función.
Presentamos una revisión bibliográfica desde un marco teórico
psicoanalítico que abarca modelos parentales, familiares y
sociales posmodernos. Nos preguntamos cuáles son los efectos que
se producen en la subjetividad y en la constitución del psiquismo
de los hijos cuando la función materna no es ejercida por la madre
biológica en el primer año de vida.
Decidimos trabajar la función materna con hijos en el primer año
de vida por considerar que este periodo requiere de una
estabilidad y entrega de los adultos hacia el recién nacido que
garantice su sobrevida biológica y psíquica, con lo cual las
madres se transforman en las primeras responsables del destino de
los niños y de las características que adquiere el ingreso a la
infancia.
Familia y funciones parentales
Hay situaciones particulares en las cuales una mamá no tiene
posibilidad de asistir a su hijo de forma estable, regular y
exclusiva durante los primeros meses posteriores al nacimiento.
Por eso se tornan importantes las funciones familiares. Desde una
perspectiva psicoanalítica, la familia “es una producción humana,
por lo tanto básicamente simbólica, y es a su vez un factor de
humanización que tiene a su cargo transmitirla”(1).
Desde un punto de vista psicológico, la familia es la matriz del
desarrollo emocional y de las características de la estructura
psíquica. Sin embargo tiene una característica que la hace
diferente de cualquier otro grupo, dado que es un grupo de
individuos con una historia y un futuro común. Las principales
funciones familiares, que se ejercen a través de la función
materna, paterna y filial son: la crianza y el desarrollo de los
niños con el logro de la función simbólica.
También completar el crecimiento y desarrollo de la pareja
conyugal-parental en una nueva unidad, que regule el ejercicio
exogámico de la sexualidad poniendo en funcionamiento circuitos de
intercambio sociales, el amparo, la integración, la individuación
o personalización y la socialización. Se define función como la
capacidad de acción o acción de un ser apropiada a su condición
natural (para lo que existe) o al destino dado por el hombre (para
lo que se usa)(3).
Función materna
Se define función materna como la capacidad de acción propia de
quien ocupa el lugar de la madre. En las primeras interacciones es
capaz de narcicizar el cuerpo del bebé, semantizar, decodificar lo
que éste expresa a través de su cuerpo. Posibilita la evolución
somatopsíquica, al suministrarle los elementos necesarios para su
desarrollo. Apuntala sus funciones de autoconservación y formación
del aparato psíquico. Transmite la intui¬ción de una presencia por
fuera de los dos, el lugar del padre, simbóli¬camente presente en
la madre(4).
Función paterna
Presentificación y representación de la ley en la familia.
Operatoria de marca, separación, relativización contextual,
subjetivación. La función paterna instituye subjetividad
anudándola a la cultura.
Parentalidad
El hecho biológico de tener un hijo no significa realmente
convertirse en padre o madre(4). No es suficiente el procrear ni
el ser designado como padre (al referirnos a padres hablamos de
padre y/o madre) para llenar todas las condiciones, sino que es
necesario “convertirse en padre” lo que se logra a través de un
proceso complejo que implica los niveles concientes e
inconscientes del funcionamiento mental.
Existen tres ejes alrededor de los cuales Solis-Pontón articula
las funciones parentales(2):
1. Ejercicio de la parentalidad: Este
eje sitúa a cada individuo en sus lazos de parentesco asociándolo
a sus derechos y obligaciones. Sobre el plano del desarrollo
psíquico individual, el ejercicio de la parentalidad se asocia con
las prohibiciones que organizan el funcionamiento psíquico del
individuo, principalmente el tabú del incesto.
2. Experiencia de la parentalidad:
Tal experiencia comporta numerosos aspectos, dos de los cuales
merecen ser subrayados como emblemáticos: el deseo de tener un
hijo y el proceso de transición hacia la parentalidad. La plena
madurez psíquica de un individuo y su plenitud suponen que la vida
que recibió sea a su vez transmitida.
3. Práctica de la parentalidad: Se
designa de esta manera a las prácticas cotidianas (físicas y
psíquicas) que los padres deben realizar con su hijo.
Las funciones (materna y paterna), como un conjunto de acciones
que se ejercen son independientes del hecho biológico de procrear.
Por lo tanto, como acciones en sí mismas, pueden ser llevadas a
cabo por un sujeto que decide realizarlo motorizado por su deseo.
Esto muestra la posibilidad de la circulación entre otros adultos
disponibles para con ése bebé, de las acciones propias de las
funciones, y entendemos por esto: el sostén, el cuidado, el
amparo, la protección, la libidinización del cuerpo del bebé y la
subjetivación de éste.
Vínculo temprano
madre-hijo
Según Winnicott en la relación inicial del infante con su madre,
éste se encuentra psicológicamente en dependencia absoluta del
cuidado materno(5). Por eso en esta etapa el infante necesita ser
provisto por su madre para satisfacer sus necesidades, no
diferenciándose en este momento las biológicas de las
psicológicas.
La función de sostén de la madre es sostener físicamente al
infante, lo que “es una forma de amar”.
La salud mental del individuo tiene como base el cuidado materno,
una falla de la provisión ambiental está relacionada con el riesgo
de patología. Cuando el cuidado materno es exitoso se establece
una continuidad de ser que constituye la base de la fuerza del yo,
mientras que cada fracaso del cuidado materno resulta en que la
continuidad de ser se vea interrumpida, con un consiguiente
debilitamiento del yo.
El siguiente cuadro ilustra las conclusiones de Spitz sobre sus
observaciones en niños separados prolongadamente de sus madres
durante el primer año de vida(6):

La
separación del bebé de la madre durante el primer año de vida, sin
un buen sustituto es patogénica y tanto mas grave son sus
consecuencias, cuanto más precoz y duradera es la separación. La
estabilidad que ofrece una persona que dona amor y asistencia
durante los primeros años de vida protege, marca y queda como una
reserva de confianza que acompaña imaginativamente en cualquiera
de las situaciones difíciles que transita el sujeto a lo largo de
su vida.
Cuando el niño nace, no tiene aún constituido el objeto libidinal,
ni las relaciones objetales. Estas se irán formando a lo largo del
primer año de vida, en la relación con la madre. La separación
temprana interrumpe el proceso de establecimiento de sus
relaciones objetales, que el bebe venía constituyendo con su madre
en la díada.
En la relación madre-hijo, las pulsiones libidinal y agresiva del
infante, están normalmente fusionadas, pero al producirse la
interrupción del vínculo, se produce una de-fusión y la pulsión
agresiva se vuelve contra sí mismo.
Conclusiones
Creemos que la calidad y la cantidad de la atención del niño
nacido biológicamente sano definen en gran medida la cualidad de
su desarrollo y las posibilidades futuras de su aprendizaje. Las
investigaciones que estudiaron el vínculo temprano comprobaron que
las experiencias e interacciones en los primeros años de vida, con
las figuras significativas de su entorno, fundamentalmente con la
madre, influyen sobre la manera en que se desarrolla el niño y
tienen consecuencias importantes como la salud y la nutrición.
Un bebé que tuvo ausencia materna temprana, necesariamente,
acarrea fallas en su constitución psíquica relacionadas con la
carencia; sostenemos que el psiquismo de un niño esta condicionado
por la calidad de sus relaciones tempranas.
Toda pérdida requiere de un trabajo mental consecuente al
traumatismo que ésta desencadena. En un caso normal, el
traumatismo del nacimiento es fundador, la separación de la madre
es constitutiva del aparato psíquico. Esto pasa a ser un trauma
sin resolución cuando el infante es separado prolongadamente de la
madre, ya que no se encuentra capacitado para llevar adelante este
proceso de elaboración.
Son las madres, o quienes ejercen la función materna, quienes
imprimen marcas y formas de acceso al placer que condicionan el
psiquismo del hijo. El niño necesita para su adecuada
estructuración psíquica de la presencia de la función materna y la
paterna, que son las que ofrecen los modelos básicos de
identificación.
Concluimos que independientemente del momento histórico, de las
circunstancias sociales y de las modificaciones en las
configuraciones familiares, el niño que es separado de su madre
biológica durante el primer año de vida presentará disfunciones de
diferentes grados en su psiquismo.
No estamos diciendo que el vínculo materno, insustituible en la
constitución del psiquismo infantil, debe quedar exclusivamente a
cargo de la madre biológica. Pensamos que lo importante es el
establecimiento de un lazo de amor que asegure la permanencia de
una persona, siempre la misma, que pueda amarlo y hacerse cargo de
su crianza.
La única condición para quien sustituya a la madre en el ejercicio
de su función durante su ausencia, es que desee hacerse cargo del
niño y tenga un psiquismo lo suficientemente desarrollado como
para entender e interpretar amorosamente las necesidades del
pequeño.
Susana Barreiro, María Gabriela Foscarini,
Solana Katz, Vanesa Podgaetzky de Carabelli, María Gabriela Varas
Referencias
1. Berenstein, Isidoro. Psicoanalizar una familia. Paidós: Buenos
Aires, 1990.
2. Solís-Pontón, Leticia, La parentalidad, desafío para el tercer
milenio. Ed. Manual Moderno: México.
3. Ramón Sopena (ed.). Diccionario enciclopédico ilustrado Sopena,
Tomo VIII, 1982.
4. Weigensberg de Perkal, Alicia. Función materna, 1996.
5. Spitz, R. El primer año de vida del niño. Fondo de Cultura
Económica: México D. F., 1996.
6. Winnicott, Donald Woods. Los procesos de maduración y el
ambiente facilitador. Paidós : Buenos Aires, 1996.
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