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Acerca del amor, las hormonas y el nacimiento
Por Michel Odent, M.D.
22 de Outubre de 2007
¿PREVENCIÓN DE LA VIOLENCIA O DESARROLLO DE
LA CAPACIDAD DE AMAR?
Lic. Gisella Suárez
En esta ocasión y acercándonos al día de la madre quería compartir
con ustedes un artículo del obstetra Michel Odent donde nos
explica la trascendencia del momento del nacimiento y su relación
con el amor... y la violencia.
"El nacimiento y los orígenes de la violencia ¿Qué elegimos:
prevención de la violencia o desarrollo de la capacidad de amar?
¿En qué invertimos?. Cuando acudimos a la biografía de grandes
figuras de la humanidad que comúnmente asociamos con el amor, como
pueden ser Venus, Buda y Jesús, se nos presenta la manera en que
tuvo lugar su nacimiento como una fase muy importante, como un
momento crítico en el desarrollo de sus historias vitales. Por
contra, la biografía de personajes famosos, políticos, escritores,
artistas, científicos, gente del mundo de los negocios y
sacerdotes suele comenzar describiendo detalles de la infancia y
educación. ¿Podría indicar esta notable diferencia entre ellos que
el nacimiento es un momento crucial en el desarrollo de nuestra
capacidad de amar?
Las ciencias biológicas de los años 90 nos enseñan que es la
primera hora que sigue al nacimiento la que conforma todo un
período crítico en nuestro desarrollo de la capacidad de amar.
Durante el proceso del nacimiento, segregamos una serie de
hormonas que permanecen en los sistemas corporales tanto de la
madre como del bebé justo después del nacimiento. Ambos, la madre
y el bebé, se encuentran entonces en un equilibrio hormonal cuya
duración tiene una naturaleza vital corta y que, además, no
volverá a presentarse en el futuro. Si consideramos las funciones
de estas hormonas y el tiempo que tardan en ser eliminadas por
parte de nuestro organismo, entenderemos entonces que cada una de
estas diferentes hormonas cumple exclusivamente un papel
igualmente diferenciado en la interacción madre-bebé. Son estas
mismas hormonas las que funcionan en cualquiera de los aspectos
relacionados con lo que conocemos como amor.
1
Datos recientes que van aportando diferentes ramas de la
literatura científica vienen a presentar, en esta línea, una nueva
visión de la sexualidad. Existe una hormona del amor al igual que
también contamos con un sistema de recompensa que opera cada vez
que, como animales sexuales que somos, hacemos algo que es
necesario para la supervivencia de la especie. "La primera hora
que sigue al nacimiento conforma todo un período crítico en
nuestro desarrollo de la capacidad de amar". La oxitocina se
encuentra en medio de cualquier aspecto relacionado con el amor.
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Primeramente es secretada por una primitiva estructura de nuestro
cerebro llamada hipotálamo; posteriormente pasa a la glándula
pituitaria posterior desde donde, bajo circunstancias específicas,
es liberada repentinamente en el torrente sanguíneo.
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Hasta hace bien poco, venía sosteniéndose que la oxitocina era un
tipo de hormona característica del sexo femenino cuyo único papel
consistía en estimular las contracciones uterinas durante el
trabajo de parto y el parto, así como las contracciones del pecho
durante la lactancia. Hoy se sabe que la oxitocina es una hormona
tanto femenina como masculina y que se encuentra presente en
diferentes aspectos de la vida sexual.
La hormona del amor
altruista
Sabemos que cierto nivel de oxitocina es necesario durante el
proceso del nacimiento, y los obstetras han venido siendo
conscientes de ello desde hace bastante tiempo. Sin embargo, no es
hasta la actualidad cuando nos interesamos por la cantidad de
oxitocina que es liberada justo después de que el bebé ha nacido.
La importancia de este pico es especialmente relevante cuando lo
ligamos a nuestro reciente conocimiento de que la oxitocina puede
inducir a la conducta maternal. Cuando la inyectamos en el cerebro
de una rata virgen o una rata macho, se vuelve maternal y comienza
a cuidar a los cachorros. En el caso opuesto, si inyectamos un
antagonista de la oxitocina directamente en el cerebro de las
madres ratas justo después del parto, no prodigan una gran
atención a sus crías. Puede decirse que uno de los mayores picos
de secreción de la hormona del amor que acontece en la vida de una
mujer se da justamente tras el nacimiento, siempre y cuando éste
transcurra sin que medien hormonas de sustitución administradas a
la madre durante el parto. Parece que el feto también libera
oxitocina, lo cual contribuye al comienzo del trabajo de parto a
la vez que puede configurar la propia capacidad del bebé para
liberar la hormona del amor.
"La oxitocina está presente en la leche humana; es decir, el bebé
que es amamantado absorbe cierta cantidad de la hormona del amor a
través del tracto digestivo".
Tipos de apego
Durante los años sesenta, Schaffer y Emerson (1964) realizaron en
Escocia una
serie de observaciones sobre sesenta bebés y sus familias durante
los dos primeros
años de vida. Este estudio puso de manifiesto que el tipo de
vínculo que los niños
establecían con sus padres dependía fundamentalmente de la
sensibilidad y capacidad de respuesta del adulto con respecto a
las necesidades del bebé. Mary Ainsworth, en el análisis de los
datos que había recogido en sus observaciones de los Ganda en
Uganda, encontró una información muy rica para el estudio de las
diferencias en la calidad de la interacción madre-hijo y su
influencia sobre la formación del apego. Estos datos también
revelaron la importancia de la sensibilidad de la madre a las
peticiones del niño.
Ainsworth encontró tres patrones principales de apego: niños de
apego seguro que
lloraban poco y se mostraban contentos cuando exploraban en
presencia de la madre; niños de apego inseguro, que lloraban
frecuentemente, incluso cuando estaban en brazos de sus madres; y
niños que parecían no mostrar apego ni conductas diferenciales
hacia sus madres. Otro trabajo realizado posteriormente en
Baltimore (Bell y Ainsworth, 1972) confirmó estos datos.
Ainsworth diseñó una situación experimental, la Situación del
Extraño (Ainsworth
y Bell, 1970), para examinar el equilibrio entre las conductas de
apego y de exploración, bajo condiciones de alto estrés. La
Situación del Extraño es una situación de laboratorio de unos
veinte minutos de duración con ocho episodios. La madre y el niño
son introducidos en una sala de juego en la que se incorpora una
desconocida. Mientras esta persona juega con el niño, la madre
sale de la habitación dejando al niño con la persona extraña. La
madre regresa y vuelve a salir, esta vez con la desconocida,
dejando al niño completamente solo. Finalmente regresan la madre y
la extraña. Como esperaba, Ainsworth encontró que los niños
exploraban y jugaban más en presencia de su madre, y que esta
conducta disminuía cuando entraba la desconocida y, sobre todo,
cuando salía la madre. A partir, de estos datos, quedaba claro que
el niño utiliza a la madre como una base segura para la
exploración, y que la percepción de cualquier amenaza activaba las
conductas de apego y hacía desaparecer las conductas
exploratorias.
Ainsworth encontró claras diferencias individuales en el
comportamiento de los
niños en esta situación. Estas diferencias le permitieron
describir tres patrones
conductuales que eran representativos de los distintos tipos de
apego establecidos:
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